Su historia

Ana Azpilicueta Idarreta

Infografista de vocación, ilustradora por amor la arte y deportista.

Básicamente, si no entendéis 

algo, yo os hago un dibujo o un gráfico para entenderlo.

Viñeta dedicada a Iñaki el 23 de mayo de 2018, diez años después de su fallecimiento en el Annapurna a 7.400 mts de altitud.

 

Iñaki Ochoa de Olza Seguín nació el 29 de mayo de 1967 en Pamplona, era el mayor de cuatro hermanos.

Su padre fue un gran deportista durante toda su vida. Empezó a salir al monte con él cuando todavía era niño, innumerables fueron los paseos por el valle de Belagua. Allí empezaría a fraguarse su pasión por la montaña. Decía que para él, era una vía de escape.

Siendo todavía un chaval, su padre le regaló un ejemplar de Everest sin oxígeno” de Reinhold Messner, libro que leería al menos un par de veces por semana durante el primer año.

A partir de ahí devoraría libros de alpinismo a la misma velocidad que crecía su pasión por la montaña.

Iñaki comenzó a hacer escalada en roca desde la adolescencia en su tierra natal, un pequeño paraíso para practicar esta disciplina. Durante los años previos a su primera expedición al Himalaya se convertiría en su actividad fundamental, ganándose la vida con algún que otro trabajo como guía de montaña y en refugios, fueron años de preparación y aprendizaje.

Después empezaría a salir, los Alpes, el valle de Yosemite (EE.UU) donde hizo escalada en las paredes verticales de El Capitán o el Half Dome. 

Y por fin, el Himalaya. La oportunidad de participar en una expedición le llega pronto, en la primavera de 1990.

Con 22 años e invitado por su amigo Koldo Aldaz, participa como miembro de la Expedición Navarra Kangchenjunga 90, la tercera montaña más alta del mundo.

Esta primera incursión al Himalaya le marcará definitivamente y le revelará el camino que seguirá a lo largo de su vida. Aunque ninguno de los expedicionarios hace cima, Iñaki consiguió ascender hasta los 8.000 metros por la cara norte de la montaña.

Al Himalaya no se vuelve. Cuando has venido aquí por primera vez, él se queda contigo para siempre. Habita en ti como una costumbre, quizás como un virus, siempre como una necesidad. Puedes escapar a ratos, hacia casa, pero el resto del tiempo tú le perteneces.

Iñaki realizará unas 30 expediciones de alta montaña en los siguientes dieciocho años de su vida.

Se convertirá en uno de los mejores alpinistas de su tiempo; riguroso en su estilo y comprometido en su manera de escalar y abordar los ochomiles.

En 1992 vuelve a cargar la mochila y se enfunda la camiseta de BexEverest 92.

Es su segunda incursión al Himalaya pero Iñaki ya tiene claro que subir con oxígeno es rebajar la altura de la montaña y precisamente con lo que uno se ha de encontrar allá es la hipoxia y comprobar hasta qué cota una persona puede llegar en condiciones extremas.

Aun así y tras muchas dudas, decide utilizarlo. En esa ocasión la cordura manda y ésta habla de que apenas tiene experiencia a grandes alturas altura y además muy pocas, poquísimas personas en todo el planeta, han subido al Everest sin oxígeno.

Pronto comienza a destacar por méritos propios. En esta expedición al Everest es él quien por la arista sureste abre huella durante unas cuatro horas y media hasta los 8.500 metros, sin embargo, Iñaki tiene que darse media vuelta y regresar al Collado Sur. En un descuido se quitó las gafas de ventisca y tras varias horas sin llevarlas puestas se le helaron los ojos.

Apenas sin visión ha de abandonar y comienza un penoso descenso por la misma huella que él mismo había abierto en la nieve. Otra vez será. Sus cuatro compañeros de expedición hicieron cumbre.

Su primera cima en un 8.000 no tarda en llegar.

El Cho Oyu en 1993 permite a Iñaki subir con plena autonomía, acarreando él mismo todos sus aparejos alcanzando la cima en solitario.

Su estilo se perfila aún más y a partir de esta expedición siempre optará por cargar él mismo con sus bártulos. Tampoco tenía cabida en su manera de afrontar la montaña pagar a nadie como porteador y poner otra vida en juego que no fuera la suya.

…si la mochila pesa, más profunda será la huella”, decía

Durante los primeros 13 años tampoco contará con la ventaja de los grandes patrocinadores. Tampoco se preocupará excesivamente en buscarlos, sabedor de la enorme dificultad de obtenerlos. La mayoría de sus expediciones las pagará de su bolsillo.

Más adelante podrá volver contratado por el programa de TVE “Al filo de lo imposible”  (1994-1999) o se empleará como guía comercial de montaña.

Es precisamente de la mano de Al filo que va por primera vez al K2 en 1994 una de las montañas que marcarán su vida de alpinista más profundamente.

La idea era subir sin oxígeno, sin porteadores de altura y sin cuerdas fijas el día de cumbre.

Pero no puede ser, en una de las ascensiones por la cara norte de la montaña Iñaki sufre un accidente al agarrarse a una cuerda fija en mal estado que se rompe cayendo unos 80 metros. Queda malherido a más de 7.000 metros de altitud.

Se rompe un brazo, varias costillas y otras tantas contusiones. Sus compañeros abortan sus planes para ayudarle a descender al campo base e Iñaki es curado por los médicos de una expedición italiana. En esa expedición fallecería su compañero de expedición y amigo Atxo Apellániz.

Realiza su primera “ascensión express” al Shisha Pangma en 1995 otro hito en su forma de abordar los himalayas, aunque se queda en su cima central a 8.008 metros ya que en la travesía hasta la cumbre principal (8.027 metros) corría peligro de avalanchas.

Al año siguiente, en el 1993 hace cima en dos montañas con apenas veinte días de diferencia, tocando la cima del Gasherbrum I y II y protagonizando de nuevo otra subida express.

Cinco años después en 1998 hará cumbre en el Lhotse en menos de 24 horas desde el campo base. Es el primer español en subir un ochomil en un día.

Durante los siguientes años participa en hasta tres expediciones al año.

Vuelve al Everest en tres ocasiones y hace cima el 24 de mayo de 2001 pero lo logra con oxígeno artificial obligado por contrato en su condición de guía comercial.

En 2003, gracias a la llamada de su amigo el italiano Simone Moro, se enrola en una impresionante expedición internacional en la que participan figuras consagradas del himalayismo como el propio Moro, Dennis Urubko, Ed Viesturs o Jean-Cristophe Lafaille.

Hace cumbre en el Nanga Parbat junto a la alpinista austriaca Gerlinde Kaltenbrunner el 20 de junio. El 15 de julio, hace cima en el Broad Peak.

Al año siguiente y después de otros tres intentos en el K2, Iñaki hollará la cumbre de esta montaña el 28 de julio de 2004.

 …recorro llorando como un niño los últimos metros de la arista cimera. Arriba me acuclillo en la nieve y lloro sin parar, la primera vez que me sucede en una cima de ochomilmetros.

Son lágrimas acumuladas durante años de espera.

En esta ascensión hará cordada por primera vez con Horia Colibasanu el amigo rumano que cuatro años  más tarde cuidará de Iñaki durante los últimos días de su vida.

También en 2004 logrará también la cima de otros dos ochomiles: el Makalu y de nuevo el Cho Oyu que subirá en 11 horas y 16 minutos desde el campo base avanzado.

En los años siguientes conquistará las cimas del Manaslu –en menos de 30 horas-, en abril de 2006 y el Shisha Pangma en octubre, en solitario desde los 7.400 metros por la cara norte y abriendo una nueva variante para evitar la peligrosa travesía entre la cumbre central y la principal.

En 2007 holla el Dhaulagiri por la arista noreste en menos de 30 horas junto a su gran amigo Jorge Egocheaga.

Allá pasó una noche creyendo que su amigo había muerto. Al bajar al  campamento base le dijeron que un alud lo había lanzado 800 metros abajo y que se había pasado el campo donde dormía Iñaki. Ambos se reencontraron en la parte baja de la montaña y suspiraron aliviados.

Iñaki Ochoa de Olza tocó la cima de doce ochomiles le quedaban el Annapurna y el Kangchenjunga para completar los catorce.

En la penúltima montaña descansa para siempre a 7.400 metros de altura.

Quizás os guste leer algunas de las columnas que Iñaki Ochoa fue escribiendo para la revista Campo Base, desde su rincón, ése al que él mismo llamó Pura vida.

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